Artículos/Escuela de Padres

6 Consejos para aplicar consecuencias en casa

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Consecuencias, consecuencias, consecuencias. Si aparcamos sin poner el dichoso ticket recibiremos una bonita consecuencia en el parabrisas de nuestro coche. Si salimos de casa 30 segundos más tarde nos encontraremos con el temido atasco – ¿De dónde han salido todo esos coches?- Claro que también existen consecuencias positivas, como cuando leemos el cuento de antes de acostarse y nos toca un fuerte beso y un abrazo de nuestros monstruitos . En el mundo en que vivimos muchos actos – no todos, claro está – tienen sus consecuencias y en casa no es una excepción.

Como padres aplicar las consecuencias no es fácil. Muchas veces hemos tenido la sensación de pasarnos los días en modo “gruñón”, reaccionando a su conducta, dando interminables charlas, repitiendo una y otra vez las mismas consignas, con la sensación de que lo único que nuestros hijos estaban aprendiendo es a vivir con una persona con un mal humor.  En estos casos la sensaciones de culpa y malestar  pueden surgir al sentir que no es la idea que tenemos de ser padres, que la relación con nuestros peques se está deteriorando con cada dichosa consecuencia . Muchas veces este dilema parte de una simple cuestión: ¿Qué objetivo fundamental nos planteamos como padres?

Si la respuesta a esta cuestión es construir una relación sólida y positiva con nuestros hijos, sacar el monstruo gruñón del armario no es el mejor comienzo. Es un síntoma de que algo está fallando. Estamos creando una situación de enfrentamiento con los niños. Las consecuencias son necesarias, igual que la disciplina tal y como señala Magda Gerber  referente en terapia infantil “la falta de disciplina no es dulzura, es negligencia”.  Ahora bien ¿cuándo son efectivas las consecuencias?

1. – Cuando no son simples castigos enmascarados.

Aplicar un castigo nos hace sentir mezquinos y ruines porque en realidad son actos mezquinos y ruines ¿De verdad es la lección que queremos que aprendan nuestros hijos?

El problema con los castigos es que no suponen un modelo de conducta positivo – wow creo que he dejado escapar el monstruo psicólogo – En otras palabras, no ofrecemos a nuestros peques una forma adecuada de comportarse ante la situación. Además, los castigos tienen otras consecuencias negativas como que nos ponen de muuuy mal humor y despiertan sentimientos como la ira o la vergüenza en quien los recibe, por no decir que van perdiendo eficacia a lo largo del tiempo.

2. – Cuando son coherentes a la situación y se dan seguidas en el tiempo.

El sentido del tiempo para los niños es limitado. Se puede decir que viven el momento. Las consecuencias de sus actos deben seguir está premisa si queremos hacernos entender. Por ello es tan importante que sean inmediatas al comportamiento y, evidentemente, que sean coherentes a éste. Un ejemplo puede ser el siguiente:

Adrián estaba jugando en el parque cuando otro niño ha cogido uno de sus juguetes, al verlo Adrian le ha empujado y – tras un interminable forcejeo – le ha quitado el camión. El niño se ha quedado llorando. La mamá de Adrián coge al niño de la mano y le aparta del parque , le pregunta qué ha pasado y comentan cómo se siente el otro niño. Adrián la explica que se ha enfadado mucho porque le han quitado un juguete, su mamá le explica que no ha estado bien que le quitaran un juguete pero tampoco es bueno empujar y recuperar el juguete a la fuerza. Se preguntan cómo pueden hacer al otro niño sentirse mejor. Adrián piensa que si le deja el juguete se sentirá mejor.

En el ejemplo vemos que las consecuencias que recibe Adrián son coherentes, seguidas en el tiempo y genuinas, en el sentido de auténticas. Su mamá no le fuerza a pedir disculpas al otro niño de manera forzada porque Adrián esta a su vez muy disgustado con el otro – y con un motivo – De todas formas la consecuencia es que Adrián ofrece consuelo al otro niño.

3.- Cuando se dicen con seguridad y cariño ( más que como una amenaza ).

Como ya he afirmado: las formas y los actos siempre prevalecen al mensaje que estamos transmitiendo. No hay método más eficaz para enseñar a nuestros hijos a amedrentar a otros y amenazarles que con amenazas. De la misma forma si queremos criar niños y niñas comprensivos y cariñosos, la mejor manera es mostrándoles este comportamiento.

4. – Cuando se acompañan de un reconocimiento de los sentimientos del niño.

                Pensemos en la cantidad de veces que nos hemos visto inundados por la intensidad de las emociones: un gran enfado, la profunda tristeza o una alegría contagiosa. En el caso de los niños el poder de las emociones es todavía mayor pues no son muy conscientes de lo que les está pasando, no pueden ponerle un nombre y esto les puede asustar. Más aún en las situaciones de estrés. Reconocerles su estado de ánimo es esencial, por muy descabellado que nos parezca: “Veo que estás muy enfadada porque te he quitado la comida, pero es tarde y tienes que irte ya a la cama” El mensaje es doble: las emociones son algo que debemos expresar – de una manera segura y adecuada – y son algo importante para nosotros.

5. – Cuando son parte de una rutina que el niño reconoce.

Las rutinas son situaciones que se repiten en el tiempo, al ser predecibles generan seguridad en los niños y niñas. Hacer de las consecuencias algo predecible ayudará a los peques a aceptarlas de mejor grado, disminuyendo la frustración.

“Te has levantado ¿Has terminado de comer? Tienes que estar sentada para comer. ¿Te vuelves a levantar? Ok, entonces me llevo la comida. No te gusta que me lleve ¿No? Veo que estás enfadada, lo entiendo.”

Si la niña sabe que a las advertencias sigue la consecuencia real , que luego tendrá que esperar para poder seguir comiendo y que deberá hacerlo sentada, será capaz de prever lo que sucederá a continuación, siempre que estas consignas se repitan en el tiempo.

6. – Y finalmente, cuando representan nuestros propios límites personales.

Todo lo dicho anteriormente supone que nosotros, como padres, debemos cuidar igualmente nuestro bienestar emocional. Encontrarnos – más o menos – tranquilos en nuestras relación con los peques es esencial. Por ello es justo reivindicar nuestros propios límites personales, no debemos pasar aquellas situaciones que nos sacan de nuestras casillas. A veces puede parecernos que actuamos de manera arbitraria al imponer determinadas consecuencias: “Hijo, estoy muy cansado. Me ayudas a lavarte los dientes o no tendremos tiempo de leerte un cuento” ” Se que estas muy enfadado por no ir al parque hoy pero has estado peleando con tu hermano y, sinceramente no puedo aguantarlo más” Pero lo que estamos haciendo es cuidar nuestro propio bienestar emocional para dar lo mejor a los peques.

Este artículo está basado en el siguiente artículo en inglés: http://www.janetlansbury.com/2013/07/truths-about-consequences/

Imagen vía: Los Cuentos de la Caputxeta

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